Vencedores en la fé

(Foto Alex Castro / Tomada del sitio oficial “CubaDebate”)

Aunque algunos sacerdotes y jerarcas católicos pueden contarse entre los más cobardes y despreciables seres humanos de la Creación, la Iglesia Católica es una institución no igualada en cuanto al compromiso que a través de los siglos mantiene con sus valores.

Tras el fracaso de las ideologías y el abandono de las utopías, el ethos cristiano es el último mito sobreviviente de la cultura occidental. No hay otro reducto de valores ni siquiera parecido y, aunque la feligresía sigue desvaneciéndose de las Iglesias por diversas razones más ligadas a la naturaleza humana que a la fé, los 2000 años de vida cristiana no han dejado ni un momento de revolucionar en lo interno a decenas de millones de individuos de todas las razas y todos los entornos.

Es la obra maravillosa de la Iglesia la que nos lleva a admitir que Cristo está vivo en el corazón de los que creen en él. Y su vida no es un mito, es una fuerza que dinamiza a la persona y lo lleva a trascender sus limitaciones en busca de su unión con Dios.

Así vemos como ni los bochornosos e inexcusables escándalos por pederastía, ni el desgate del rito católico que se mira y se siente avejentado, han logrado socavar el prestigio ético y político de los papados.

Eso queda de manifiesto en la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, uno de los países menos católicos del hemisferio, pero sin duda uno de los más importantes para la labor pastoral.

La dictadura socialista cubana desde que fue abandonada por la Unión Soviética hace 20 años ha andado en busca de una salida negociada a su prolongada crisis interna y, desde la visita del Papa Juan Pablo II en 1998 hasta el retorno ahora de su sucesor Benedicto XVI, el castrismo prácticamente ha estado capitulando en cámara lenta ante el trono de Pedro.

Esa es la única forma en que puede obtener una justificación moral a la ruina de la revolución. Además, no existe ninguna otra institución en el mundo capaz de ir hasta los escombros de la utopía socialista, no con aire de victoria, sino que con humildad.

Ese es, en particular, el poder de la mansedumbre del que no tiene miedo y del que ha sido protagonista cimero de la historia, levantándose desde los infiernos de La Inquisición hasta la total propagación por el mundo de la caridad de Jesucristo.

Esta no es la Iglesia que discute sobre el aborto o sobre los anticoceptivos, sobre los homosexuales o la carnalidad, sino que la Iglesia de la Vida, la Iglesia Militante en Cristo.

Aún en medio de las descomposiciones morales más profundas de las sociedades líderes a lo largo de la historia, esta es la Iglesia que ha salido adelante para rescatar el decoro de la especie humana.

Así los papados han enfrentado con éxito, desde las hordas bárbaras que hicieron colapsar al Imperio Romano de Occidente hace más de 1500 años,  hasta el Imperio Soviético que se derrumbó hace 12 años.

Según la biografía en Wikipedia, Fidel Castro, es un deista, no un ateo. El hombre cree en Dios, reconoce el mito, pero no le rinde pleitesía dentro de un espacio que no sea el de su propia conciencia.

Dicen las noticias que el encuentro del Benedicto XVI con Fidel Castro ocurrido este miércoles 28 de marzo se realizó en la Nunciatura de La Habana, se prolongó por media hora y fue cordial. Hasta hablaron de los cambios nuevos en la Liturgia.

Seguramente, a unas pocas cuadras de allí, en el cuartel general la seguridad del estado cubano ya ni siquiera se acuerdan de aquella Iglesia Popular politizada, financiada y fomentada con furia para socavar a El Vaticano.

Los Castro, en el fondo, ahora creen que su temple revolucionario se parece al temple de la Iglesia Católica. Ellos en cierta forma admiran la gran capacidad de Roma para permanecer fiel a sus principios, resistiendo las tentaciones y las calamidades de la naturaleza humana.

¿Y quiénes son esos hermanos Castro si se les compara con el Emperador Constantino I que hace 1700 años se convirtió y reconoció al cristianismo como la fé del mayor de los imperios?

¿Y por qué se razgan los anti comunistas sus vestiduras cuando ven que Benedicto XVI se reúne Fidel Castro? ¿Acaso el Papa Juan Pablo II no fue a la propia celda de Alí Agca para perdonarlo aunque por poco lo mata por encargo de los servicios secretos búlgaros y la KGB?

Lo importante en esta hora es recordar que el verdadero Cristiano no vive en cobardía. El Señor nos llama a andar victoriosos en la fe, nos infiere una actitud proactiva en la lucha espiritual que es nuestro principal distintivo.

Y no tener miedo es, también, no tener prejuicio, no juzgar de antemano; confiar en el valor y la militancia divina del Espíritu Santo.

La peregrinación del Papa a Cuba no es más que eso, un acto de valor cristiano apoyado en la fe de este Sucesor de Pedro, Ratzinger, que está cerca de cumplir 85 años.

En lo personal, no soy un católico muy apegado a El Vaticano. Respeto el rito y los preceptos de mi fe, pero comprendo que hay mucho espacio para las transformaciones.

Sin embargo, las Sandalias del Pescador caminaron hoy con paso firme por La Habana, trayendo un mensaje de esperanza para todos los cubanos y todos los latinoamericanos que viven confundidos o angustiados desde el fracaso de las ideologías, ya sea de derecha o izquierda. HORACIO RUIZ

Dólares, religión y política

La religión en los asuntos políticos de Estados Unidos recibe un tratamiento tan delicado que a menudo provoca vacíos y desorientación en la opinión pública, como en el actual proceso electoral.

Una encuesta reciente de CBS News y The New York Times indicó que en las primarias del Partido Republicano el ex senador de Pensilvania, Rick Santorum es el precandidato más popular, pero a la vez, una abrumadora mayoría cree que, al final, el designado para enfrentar al presidente Barack Obama en noviembre, será el ex gobernador de Masachusets, Mitt Romney.

La contradicción ocurre cuando se discute por qué Romney no ha logrado consolidarse y sigue enfrentando una fuerte resistencia de sus rivales, pese a superarlos abrumadoramente en el gasto de propaganda.

Un cálculo de Periódicos McClatchy sostiene que en los últimos siete años, Romney, quien fue precandidato en las presidenciales de 2008, ha gastado 200 millones de dólares en proselitismo, incluyendo 45 millones de su propia fortuna.

Para esta campaña electoral, Santorum hasta enero solo había recaudado 6,7 millones frente a 63,6 millones de Romney. El presidente Obama ya lleva más de 120 millones por lo que muchos consideran que Romney es el único republicano que puede retarlo.

Sin embargo, quizás por respeto a la libertad de culto, pocos comentaristas han tocado con profesionalismo el tema de la religión de Romney, quien proviene de una familia con profundas raíces en la Iglesia de Jesucristo y los Santos de los Ultimos Días, conocida como “los Mormones”. No solo él y su esposa han donado millones de dólares a esa iglesia sino que el propio Romney ha sido un pastor activo y de un valor crucial para su progreso en Masachusets.

En Broward, al norte de Miami, un pastor evangélico provocó titulares en la prensa nacional al salir al ataque de la fe de Romey, asegurando que este “debe de renunciar a su religión racista”. El reverendo O’Neal Dozier, que es afroamericano y republicano, también es un abierto simpatizante de Santorum, un católico conservador.

“La Iglesia Mormona se ve como un club campestre de blancos”, aseguró Dozier, quien atribuye preceptos racistas a los fundadores de los mormones.  Tales alegaciones han sido desmentidas por la iglesia basada en Utah.

El ataque contra Romney ocurrió en la víspera de las primarias republicanas en Alabama y Mississippi, a las que Santorum, Romney y el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, llegaron bien parejos en las encuestas.

Sin importar el resultado de esas votaciones en una de las regiones más conservadoras y religiosas del país, lo claro es que mientras se prolongue la batalla por la nominación republicana, las creencias de Romney pueden ser más cuestionadas.

Aunque los mormones se consideran cristianos, su visión difiere mucho del resto de denominaciones inspiradas en Jesucristo. Y, aunque la línea que separa el debate político de las diferencias religiosas en Estados Unidos es sagrada, la tentación de transgredirla bajo las actuales circunstancias es muy grande.

Preocupa que lo relacionado a la fe de Romney sea objeto de un resquemor del electorado republicano que no está recibiendo suficiente atención de parte de la prensa.

A comienzos de febrero, John King de CNN durante la cobertura de los caucus en Nevada se refirió a Romney como “el gobernador mormón”, una definición quizás muy periodística o quizás muy ligera por la que fue criticado.

Lo importante es que en el actual proceso electoral estadounidense el pudor o la hipocresía en torno a los temas religiosos puede estar afectando el poder de decisión del electorado.

Las cadenas televisivas explican con minucias cómo votan los “católicos”, los “evangélicos” los “blancos cristianos renacidos” y hasta han creado una nueva categoria, la de los “cristianos no renacidos”, lo cual no tiene sentido.

En Mississippi, un 52 por ciento de personas encuestadas dijeron creer que el presidente Obama es musulmán y no cristiano, como se da por un hecho. En Alabama, un 41 por ciento dijo no estar seguro sobre la religión del mandatario.

Sin duda que cada quien entiende lo que quiere, pero lo insólito es la falta de atención que estas contradicciones merecen de parte de la prensa.

Así como la falta de conocimiento religioso ha incidido en la cobertura de las guerras en Medio Oriente, también incide en la cobertura de la campaña electoral de Estados Unidos, sobre todo en las primarias republicanas donde la religión es un plato fuerte y la prensa no está preparada para sentarse a la mesa y comérselo. HORACIO RUIZ

Americanos de París

TheArtist

El éxito de la película “The Artist” sugiere en buena medida que la apreciación en Francia por la cultura popular estadounidense ha alcanzado tal madurez que ya no importa que una obra de arte, vitalmente francesa, sea confundida en el mundo por un producto americano.

Los cinco Oscar de la película dirigida por Michel Hazanavicius se celebraron con sentimiento patriótico en París, siendo la confirmación de una sospecha: la cinematografía francesa profesa tanta fascinación por Hollywood que es capaz de transmutarse

“The Artist”, sin traducción al francés, se filmó por completo en Los Ángeles, pero en todo lo demás es un tributo sentimental, bien calculado, del cine de Francia al gran cine capitalista que lo obsesiona. Ya no puede ocultarse.

Hace 30 años, la sola idea de una producción francesa con título en inglés hubiera sido considerada como una aberración. Entonces se protestaba con violencia hasta por la presencia de McDonald’s en Champs Elysees.

Quizás no sea un punto definitivo o crucial en la historia del cine, pero sí “The Artist” es la reconciliación madura entre dos cines nacionales que durante más de un siglo han sostenido una relación especial. Desde la época de Meliés y Griffith.

Yo me inicié en el cine francés con “La Nuit Americaine” (1972) de Truffaut, un melodrama que presta el título a una técnica que permite filmar de día como si fuese de noche y que se trataba también, como “The Artist”, sobre la interioridad de los artistas de cine.

Siempre la capacidad de introspección del cine francés ha provocado al cine norteamericano que, en síntesis, se mantiene a la vanguardia de la narrativa. También, mega producciones como “Piratas del Caribe” provocan hordas en los cines de Francia.

El filme de Hazanavicius es un homenaje a muchas influencias estructurales en la historia del cine, pero sin caer en formalidades o artificios, sino que, a través de una historia básica, la de un amor amenazado por el silencio.

La película muestra el auto aprisionamiento de un galán egocéntrico del cine mudo que, por orgullo, evade hasta el borde de la muerte la promesa del verdadero amor. Asistimos al trauma de las nuevas tecnologías, la resistencia al cambio desde las profundidades del ego y la negación de las emociones por no poder lidiar con ellas.

Queda planteado entonces el fracaso de los sentimientos ante la aplastante realidad del mundo externo… Hasta la escena final.

“The Artist” se filmó en color y se editó finalmente en blanco y negro. Fue una precaución, por si acaso no gustaba. No es una película enteramente muda y, a un costo de 15 millones de dólares, no puede catalogarse como cara, pero tampoco como barata.

Sin duda fue una apuesta de productores osados, pero el riesgo también venía calculado y la distribución de la película se planeó a la perfección. Debutó en Cannes en mayo de 2011 y en el Festival de Cine Americano de Deville, en septiembre. Solo tuvo una premiere limitada en Estados Unidos hasta en noviembre. Primero se presentó en los cines de Lituania y Corea del Sur, antes que en los estadounidenses.

Yo la ví en matiné a comienzos de marzo, en una segunda ronda de exhibiciones tras los Oscar.

La secuencia final es una de esas escenas que uno nunca pudo haber imaginado. La pareja resuelve su entuerto, encuentra su energía, con un baile al estilo de Fred Astaire y Ginger Rogers. Es la apoteosis del optimismo americano, no a cargo de Fred y Ginger, a los que crecimos viendo con fascinación, sino que de Jean DuJardin y Berenice Bejo.

No imitan, los encarnan, se transmutan en ellos y en alta definición, con un aspecto tan fresco que cuesta creer en el paso de los años. Asistimos al presente de una leyenda, a la disección de un mito.

Así queda sellada para siempre la paz entre la introspección y el gran espectáculo. Entre el cine de Robert Bresson y el de Frank Capra. HORACIO RUIZ

La provocación política

Muchos amigos no creen que mi afiliciación política sea independiente. Piensan que tengo posiciones más republicanas que demócratas y mis antecedentes les dan la razón: en 18 años como votante registrado en el condado de Miami-Dade, solo dos veces he optado por candidatos demócratas.

La verdad es que, a la hora de discutir sobre política estadounidense, la posición que más me gusta es la de provocador. Me divierte el debate acalorado y me dan risa las poses serias de mis contrapartes cuando chocamos. Pero sin perder la cordura.

He visto buenas amistades y relaciones familiares irse a la ruina por la política, lo cual es trágico.

En realidad, el juego político transcurre entre la percepción y la realidad.  Por lo tanto, el partidismo no es más que la alienación voluntaria de la percepción con la realidad y, el fanatismo, es la exacerbación de esa alienación.

Yo me resisto a ser contado como el voto seguro de alguien. Tengo alergia a la mentalidad de rebaño y rehuyo de los coros complacientes o las consignas.

Lo que rechazo de las posiciones demócratas es cierta arrogancia intelectual que detecto en los abanderados liberales que, simplemente, me pulsan los botones de la rebeldía. Para esa gente no ser liberal equivale a ser estúpido.

Aún así, en este momento mi voto para presidente de Estados Unidos lo tiene el titular de la Casa Blanca, Barack Obama. No voté por él hace cuatro años y no lo lamento.

Sin embargo, a lo largo de su mandato me he identificado con su compostura, su balance, en medio de los ataques de una derecha que, ya sea desde el Congreso o del Tea Party, solo parece encontrar un poco de coherencia en el antagonismo visceral.

Pero en el escenario electoral es diferente. Los aspirantes elefantinos a la nominación presidencial; Romney, Santorum, Gingrich y Paul, representan un espectro ideológico variado y pintoresco que por primera vez me ha provocado interés por un proceso electoral partidista.

El doctor Paul ha refrescado al republicanismo con sus posiciones libertarias – y lo ha hecho de una forma deliberada, audaz y sin escatimar fortuna – mientras que Santorum, quien tiene mi misma edad pero ya sirvió más de 20 años en el Congreso de Estados Unidos, habla con mucho aplomo y, sobre todo, no tiene miedo de decir lo que piensa. Errado o correcto en sus posturas, Santorum resiste la intimidación de su conciencia por parte de las ideologías.

Por su parte, Gingrich es el viejo zorro, el hijo del pueblo que ha recorrido los rangos del poder con todas las consecuencias que eso trae y, finalmente, Romney es el señorón que no termina de comprender por qué sus correligionarios no terminan de aceptarlo como su candidato.

Lo que no entiendo es por qué los analistas ponderan si el Grand Old Party (GOP) ha perdido su influencia en el centro del electorado por ir detrás de posturas extremas. La verdad es que, aparte de los temas religiosos, los cuatro precandidatos republicanos presentan en sus historiales mucho más centrismo que la plana mayor demócrata: Obama, Hillary Clinton, Nancy Pellosi y Joe Biden.

Romney, no importa que tan conservador pretenda ser en estos momentos, fue el autor de un sistema de salud semi universal en Massachussetts, que abrió una brecha social en Estados Unidos, mientras que Gringich, como se sabe, es más detestado entre los propios republicanos que entre los demócratas liberales.

Paul se opone al embargo a Cuba y es un aislacionista en política exterior, un caso excepcional en esta época de globalización, mientras que Santorum, aunque no prevé ninguna contemplación con los inmigrantes ilegales, por su contribución ya sea a favor de las víctimas del Sida o del genocidio en Sudán, ha sido llamado por Bono, el líder de la banda U2, como “un defensor de los más vulnerables”.

Soy de los que esperan un final de película para este duelo: una convención republicana en agosto, aquí en Florida, sin un candidato definido.

Suceda lo que suceda, dos cosas quiero dejar en claro: Uno, que mi voto en las presidenciales de noviembre el candidato republicano tendría que ganárselo, arrebatándesolo a Obama que por ahora lo tiene. Y, dos, que me siento dichoso de no poder votar en las primarias republicanas, porque las puedo disfrutrar más como el votante independiente que sigo insistiendo que soy. HORACIO RUIZ

Cuadrangulares chillones

El home-run es la máxima expresión de potencia en el béisbol. Es un clímax de la destreza al bate en el que la pelota se pierde y se transmuta a los fanáticos como una petite morte deportiva. Un éxtasis.
Tienen el sabor a la victoria anticipada y cada equipo, en cada juego, debe celebrar sus home-runs con la mejor fanfarria.
En Miller Park, hogar de los Milwaukee Brewers, cada vez que un local conecta un cuadrangular, la mascota — que es la representación de un fanático legendario llamado Bernie Brewer — se desliza solícita por un resbaladero de plástico amarillo hasta que cae sobre un homeplate gigantesco.
Quizás este sea un festejo bien dull, tonto, muy propio de una ciudad como Milwaukee, pero también es un acto clásico del béisbol.
En Citizens Park de Filadelfia, un estadio donde se conectan muchos cuadrangulares, la celebración es, como era de esperarse, con la Campana Libertad, una estructura de neón y metal de 16 metros de alto que tañe y se ilumina cada vez que Ryan Howard y compañía sacan la pelota del campo.
Ambos, los Brewers y los Phillies, son equipos tradicionales de béisbol, no como los Marlins de Miami, quizás el conjunto más criticado y envidiado de las ligas mayores por sus dos campeonatos mundiales a edad precoz y por que, después de todo, Miami tiene un clima envidiable en invierno y es una ciudad moderna y glamorosa, pero por nada del mundo puede aspirar a la tradición beisbolera del Northeast, del Midwest o de ninguna parte.
Siempre que esta ciudad pretende salir de su modorra de Gran Hotel, el mensaje que recibe es: Back-off, Miami!
Pues bien, en el estadio de los Marlins, construido a un costo de $515 millones de dólares se ha instalado una escultura eléctrica, rococó, insólita, para celebrar los home-runs de Mike Stanton & Co. El espectáculo eléctrico, de cuatro capas, es indecible. Escapa cualquier definición, pero quizás en su desparpajo es donde reside su fortaleza.
Se le ha llamado desde “ridículo” hasta “horripilante”. Lo peor de lo peor. Pero, ¿qué tan escadaloso es en realidad?
Tras verlo funcionar en toda su desfachatez de roconola de cantina o de máquina de pin-ball se puede decir que es como si Lady Gaga haya irrumpido en una noche de gala de la Opera de Berlín.
Pero en realidad no hay trauma, salvo la mirada inquisitiva, las cejas arqueadas de los envidiosos en las Grandes Ligas, que como a hermanastras de Cenicienta, les mortifica el equipo de “la ciudad de campo” que este año debutará con lo mejor que tiene.
Sí, la escultura en el center field  es estrambótica, pero tal es el mensaje que el equipo mejor puede enviar en su circunstancia. No importa lo que los Marlins hagan o dejen de hacer, nunca serán parte de la realeza del béisbol. Siempre los verán como advenedizos; un cardumen maltratado de peces sin muchos fanáticos adinerados.
El flamante estadio futurista que asemeja el casco de la Guardia Imperial en Star Wars, el nuevo equipo con personalidades recalcitrantes (el divo Hanley; el twittero Morrison, el bravucón Zambrano; Reyes sin sus rizos y Ozzie con su spanglish), así como la nueva escultura de delfines, flamencos y palmeras chillonas para celebrar los home-runs, representan a a un equipo desenfadado que ha sido ensamblado y desmantelado varias veces, como una familia disfuncional. No hay nada clásico en ellos.
Los puristas del béisbol no les han dejado otro camino. Para ganarse el respeto del establishment de Cooperstown, estos peces tienen que escandalizar. Veremos si podemos ayudarlos un poco. Go Maaaarlins!
HORACIO RUIZ