El campeón que nos queda

buzon

Por fin encontré la foto en la categoría de imágenes históricas en Corbis, el incomparable servicio de archivos propiedad de Bill Gates. Por mucho tiempo la busqué, pero no la hallaba y hasta llegué a dudar que en realidad existiera.

Pero allí estaba, en blanco y negro en Corbis, nuestro gran Alexis Argüello, saludando con su bombín inglés en alto, sonriendo con gran camaradería, tal como era él, junto a su rival Jim Watt, días ante de su pelea del 20 de junio de 1981 en la Arena Wembly de Londres por el título mundial de los pesos ligeros.

Era tal como la recordaba. Una instantánea poco usual, una foto de promoción de una velada de boxeo que a mi me fascinó por la personificación bien clara que nos ofrece de “El Caballero del Ring”.

Eran los años en que Alexis, para el deleite del pueblo de Nicaragua, prestigiaba al boxeo mundial con una calidad de atleta y de ser humano de la que muy poco se había tenido noticia antes.

Watt, una leyenda escocesa digamos que al estilo de Braveheart, descendió a los infiernos durante 15 rounds frente al látigo nica y aquel tuvo que ser su último combate. Años después, la Reina Isabel II premió a Watt con aquella criticada, pero siempre bien apreciada medalla a la que llaman The Most Excellent Order of the British Empire (MBE).

El retiro de Alexis fue menos pomposo y, la verdad, hasta lamentable. El tricampeón mundial fue electo alcalde de la muy sufrida ciudad de Managua en el 2008. En realidad, lo que más pudo lograr Alexis por los managuas no fue como alcalde, sino como boxeador. Nos hizo olvidar un poco la espantosa tragedia del terremoto de 1972 que decapitó sin piedad a nuestra querida capital.

El partido sandinista, en elecciones discutidas, lo convirtió en edil, un laurel más bien marchito que nada aportó a las glorias que cosechó Argüello como figura legendaria del ring.

Allá por 1990, cuando como reportero de Diario Las Américas fuí al Centro de Convenciones de Miami Beach a cubrir una reunión de grandes del boxeo, a la que por cierto asistió Muhamad Alí, recuerdo que fuí a saludar a Alexis, cuando este ingresaba al recinto flanqueado por dos modelos promocionales, una rubia y otra morena. No alcanzó a estrechar la mano que le extendí porque, era obvio, las tenía bien ocupadas y allí mismo acepté el ademán sin despecho, como se le aceptan las faltas a los grandes.

Años antes sí disfruté personalmente de Alexis un par de veces en Miami, ya después de las dos peleas con Aaron Pryor, cuando el campeón hacía comentarios de boxeo, creo que para CBS, desde Atlantic City o Las Vegas.

Resulta que un publicista cubano de Coral Gables con el que tenía una pequeña relación de trabajo me solicitó que lo pusiera en contacto con Alexis para que protagonizara una campaña del que creo que fue el primer servicio de teléfono móvil en la región, Celular One.

Llamé al campeón, le recordé con entusiasmo que de joven jugué béisbol con sus hermanos en predios del barrio Monseñor Lezcano, que después visité la casa de su padre, donde hasta llegué a cruzarme un par de “taconazos”,etc.

Y, a decir verdad, él se mostró grato conmigo y accedió a negociar un acuerdo con el publicista.

A los pocos días debutó la campaña que consistía en vallas en los autobuses y spots de radio y, sobre todo, en televisión.

“One, two, three, huh!, huh!”, decía Alexis soltando a sus puños en el comercial, para terminar anunciando que él bien recomendaba a Celular One.

Un día mi amigo publicista me llamó alarmado para decirme que Alexis se negaba a estar presente en la inauguración de una nueva tienda del servicio celular y que, por favor, hiciera lo posible por convencerlo.

Lo volví a llamar y me sorprendió que me atendiera. Pero fue claro en decirme, llamándome siempre “hermano”, como entre buenos nicas, que no perdiera mi tiempo porque estaba contratado para transmitir esa misma noche una pelea desde Atlantic City.

El publicista tuvo que conformarse y desde entonces no me volvió a hablar.

Otra foto que conservo vívida es la de Alexis en la lona, creo que fue en la segunda pelea con Pryor. Era del diario oficial sandinista, Barricada. El titular a todo lo ancho vociferaba: “Otro Avión de la Contra que Cae”.

Me dolió mucho. Los sandinistas censuraron sin piedad todo lo relacionado al tricampeón porque entonces estaba en el bando contrario. Para ellos Alexis entonces solo era un “gusano”.

Y es que la política es como un ácido que corroe con envidia a los grandes astros porque ellos están por encima de las ideologías.

Yo nunca culpé a Alexis por hacerse militante de la facción sandinista de Daniel Ortega, sus razones o sin razones habrá tenido y solo le pido a Dios que eso no haya precipitado su salida de este mundo.

El desvencijado ring de la política nica siempre fue indecoroso para Alexis Argüello. Cuando un jerarca somocista le regaló un caballo de raza, después de conquistar su primera corona frente a Rubén “El Puas” Olivares, algún envenenado expresó en la prensa oficial que seguramente el caballo estaba mejor alimentado que él.

Así podemos ser de crueles, hasta el despedazamiento.

El Alexis que a mi me queda es el que ví erguirse cuando mi papá me llevaba a aquellas veladas boxísticas del viejo Estadio Cranshaw, frente a la Iglesia El Carmen de Managua, donde el “Flaco Explosivo” empezaba a distinguirse de la mediocridad de nuestro ambiente.

Después del consabido nocáut lo quedábamos viendo, admirándolo de lejos, con mucha fe en lo que somos, en la grandeza de Nicaragua, extasiados en la conciencia de que talvez no somos totalmente subdesarrollados.

Y, con frecuencia, las veladas del Cranshaw terminaban en batallas campales que nos obligaban a refugiarnos debajo del ring, viendo pasar los botellazos, los naranjazos, las sillas de palo y de latón catapultadas por borrachos y pendencieros.

Desde allí abajo seguíamos observando al ídolo, cubierto con la bandera de la patria, alejándose protegido por su gente del vandalismo popular espontánea que, sin saberlo entonces, antecedía a los peores años de nuestra historia.

Fue en aquellos ratos, en aquellas extrañas noches del fragor boxístico nicaragüense, que el gran narrador Sucre Frech, con el corazón enfermo, pero siempre chispeante, popularizó la frase: “Alexis, muchacho loco, me vas a mataaaar”.

Nuestro gran campeón merece el homenaje de una Nicaragua unida, pero eso no es posible por ahora. Con toda su grandeza popular, Alexis no pudo contribuir a darnos el antídoto para nuestra desdicha. Sufrió, probablemente, de la soledad y la impotencia de nuestra raza, siempre tan cerca y tan lejos de las glorias de una gran nación.

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