Cuadrangulares chillones

El home-run es la máxima expresión de potencia en el béisbol. Es un clímax de la destreza al bate en el que la pelota se pierde y se transmuta a los fanáticos como una petite morte deportiva. Un éxtasis.
Tienen el sabor a la victoria anticipada y cada equipo, en cada juego, debe celebrar sus home-runs con la mejor fanfarria.
En Miller Park, hogar de los Milwaukee Brewers, cada vez que un local conecta un cuadrangular, la mascota — que es la representación de un fanático legendario llamado Bernie Brewer — se desliza solícita por un resbaladero de plástico amarillo hasta que cae sobre un homeplate gigantesco.
Quizás este sea un festejo bien dull, tonto, muy propio de una ciudad como Milwaukee, pero también es un acto clásico del béisbol.
En Citizens Park de Filadelfia, un estadio donde se conectan muchos cuadrangulares, la celebración es, como era de esperarse, con la Campana Libertad, una estructura de neón y metal de 16 metros de alto que tañe y se ilumina cada vez que Ryan Howard y compañía sacan la pelota del campo.
Ambos, los Brewers y los Phillies, son equipos tradicionales de béisbol, no como los Marlins de Miami, quizás el conjunto más criticado y envidiado de las ligas mayores por sus dos campeonatos mundiales a edad precoz y por que, después de todo, Miami tiene un clima envidiable en invierno y es una ciudad moderna y glamorosa, pero por nada del mundo puede aspirar a la tradición beisbolera del Northeast, del Midwest o de ninguna parte.
Siempre que esta ciudad pretende salir de su modorra de Gran Hotel, el mensaje que recibe es: Back-off, Miami!
Pues bien, en el estadio de los Marlins, construido a un costo de $515 millones de dólares se ha instalado una escultura eléctrica, rococó, insólita, para celebrar los home-runs de Mike Stanton & Co. El espectáculo eléctrico, de cuatro capas, es indecible. Escapa cualquier definición, pero quizás en su desparpajo es donde reside su fortaleza.
Se le ha llamado desde “ridículo” hasta “horripilante”. Lo peor de lo peor. Pero, ¿qué tan escadaloso es en realidad?
Tras verlo funcionar en toda su desfachatez de roconola de cantina o de máquina de pin-ball se puede decir que es como si Lady Gaga haya irrumpido en una noche de gala de la Opera de Berlín.
Pero en realidad no hay trauma, salvo la mirada inquisitiva, las cejas arqueadas de los envidiosos en las Grandes Ligas, que como a hermanastras de Cenicienta, les mortifica el equipo de “la ciudad de campo” que este año debutará con lo mejor que tiene.
Sí, la escultura en el center field  es estrambótica, pero tal es el mensaje que el equipo mejor puede enviar en su circunstancia. No importa lo que los Marlins hagan o dejen de hacer, nunca serán parte de la realeza del béisbol. Siempre los verán como advenedizos; un cardumen maltratado de peces sin muchos fanáticos adinerados.
El flamante estadio futurista que asemeja el casco de la Guardia Imperial en Star Wars, el nuevo equipo con personalidades recalcitrantes (el divo Hanley; el twittero Morrison, el bravucón Zambrano; Reyes sin sus rizos y Ozzie con su spanglish), así como la nueva escultura de delfines, flamencos y palmeras chillonas para celebrar los home-runs, representan a a un equipo desenfadado que ha sido ensamblado y desmantelado varias veces, como una familia disfuncional. No hay nada clásico en ellos.
Los puristas del béisbol no les han dejado otro camino. Para ganarse el respeto del establishment de Cooperstown, estos peces tienen que escandalizar. Veremos si podemos ayudarlos un poco. Go Maaaarlins!
HORACIO RUIZ

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